martes, abril 22, 2014

Infidelidad

Mis cuernos (Sátiras).

Todo empezó una mañana, cuando empecé a notar unos pequeños cuernos en mi cabeza. No supe a que atribuirlo, probablemente será algo pasajero, pensé. Mi marido estaba muy extraño, olía siempre a colonia, y se arreglaba más de lo usual. Mis sospechas se cumplieron cuando una noche cansada de tanta preocupación y celos fundados, lo espié. Lo vi. abrazando a una mujer que me podía besar los pies de lo fea que es, la abrazaba y la besaba. Sentí que me hervía la sangre, y me acerqué muy cautelosa.

Cuando estuve muy cerca, le halé los cabellos por detrás, con tanto odio, que vi en mis manos cuando terminé de halar, montones de cabellos. El no atinaba a nada, sólo miraba con la boca entreabierta por el asombro. Todo había sido muy rápido. El jamás esperó que su mujer apareciera en ese cine, de buenas a primeras, así que lo primero que se le ocurrió fue salir huyendo dejándonos a las dos tomadas de los cabellos. Ella lo hacía por defenderse, yo por odio, por ello la fuerza era mayor en mis manos. Cuando me cansé de golpearla, y de halarles los pelos, le dije:

Sigue con él, te lo cedo, ya bastante tengo con estos cuernos, que sólo se me quitaran cuando no lo vea a mi lado.

Los cuernos. ¿Qué se podrá hacer con ellos después de descubierto su origen? No hagan nada con ellos. Conocí a un señor que los pulió para lucirlos en forma categórica; categoría de los machos venados. Los lucía orgulloso, y eso no era lo peor, la causante del nacimiento de semejantes gruesos y enormes cuernos aún seguía a su lado, orgullosa también de su valía como hembra. Ella sin que él se diese cuenta, cuando dormía los pulía aún más para que brillaran iluminando su vida.

Algo diferente le sucedió a otro fulano, pero el en vez de pulir sus cuernos, los dejó tal cual habían nacido; opacos y feos, los demás verían sus cuernos tal cual eran de horribles y además le pagó con la misma moneda a su mujer, poniéndole los cuernos también. Al tiempo, ella también lucia la cornamenta, y seguían juntos, cada uno sabiendo la causa de semejantes cachos. Cuando dormían ambos cornamentas se tropezaban causando gran incomodidad y cuando se levantaban, notaban que el peso de la cornamenta aumentaba cada día más y así continuaban con sus vidas.

Otro caso fue el de una mujer, que desesperada al ver semejantes cuernos en su cabeza, decidió cortarlos con una sierra. Así lo hizo. ¿Pero como deshacerse de la evidencia? Ella quería que nadie se enterase de semejante humillación, así que después de cortarlos en forma exitosa, los puso en una bolsa negra, los llevó a un monte y los quemó. Luego se acomodó el cabello para que nadie notase que habían existido alguna vez, cuerno alguno.

Después se hizo la de la vista gorda, y aquí nada ha pasado. El marido estaba feliz, al ver la actitud de su santa mujercita, quien le soportaba cada infidelidad de esa manera. Ella tan linda, pensaba, cada vez que le pongo los cuernos en su bella cabeza, los corta. Claro está, ella lo hacía por conveniencia, el marido era muy rico y no quería perder las ventajas de ser la esposa de un millonario.

Me gusta ver los cuernos en los demás pero no en mi misma. Cuando los he tenido, me he avergonzado mucho, me hacen sentir mal ¿será por su peso? o por la semejanza que tiene con los que ostenta el oponente de Dios? ! Es que esos cachos son tan antiestéticos! ¿Pero entonces porque hay tanta gente que los luce orgullosa? Y hasta premian a los hacedores de sus cachos? Quizás somos en cierta forma un poco masoquistas, indiferentes, ingenuos o tolerantes.

Hay quienes no toleran ni el asomo de un cuerno, y enseguida se enfurecen dejando a su pareja, y por ende impidiendo el crecimiento de los susodichos cuernos. Luego que los incipientes cachos desaparecen, emprenden otra relación con la esperanza de nunca más volver a sentir el asomo de esa humillante cornamenta.

Tengo una amiga, que es lo máximo en la fabricación de cuernos. Es tan hábil que no sólo a su marido se los pone, si no a cada uno de sus amantes.

Infidelidad en sátira con sus humanos protagonistas.

Venus Maritza Hernández
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